28 nov 2013

Desde ésta pequeña ventana la ciudad no se podía ver, tres pequeños árboles cubrían su fealdad.
Entre sus rojizas hojas dos majestuosas urracas hicieron su delicada casa. Ahora que uno de los árboles ha muerto, ya no volverán, nunca más, mientras la ciudad continúa su conquista y se funde cada vez más con nuestras almas...
hasta hacernos desaparecer.

Una pequeña pérdida que se sintió tan real...



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